Creía que no temía a la muerte, hasta que fui consiente de todas las vivencias que aún no he disfrutado; sin embargo, entiendo que no soy este cuerpo material y sutil. Soy alma. Aún así, le tengo miedo. Tal vez, si ya hubiese realizado todo de aquella lista denominada "Lo que quisiera hacer antes de morir" y fuera consciente de que estoy muriendo, no me aferraría a la agonía que se sufre por consecuencia del desapego a la "tan querida vida material". Creo que solo así me dejaría ir.
Lo que me lleva al siguiente punto: ¿Qué sucede cuando el cuerpo material se vuelve inerte?, ¿A dónde va el alma? Son preguntas que, con certeza, nadie es capaz de responder por razones obvias; por otro lado, sí es posible especular; al igual que la teoría de la existencia del alma, que por más que considere que tiene algún respaldo, es solo eso, una idea de lo que realmente somos. Nunca lo sabremos realmente hasta que nos suceda.
Esto que intento expresar es una conclusión personal de unas pocas fuentes información que adquirí sobre el tema durante esta etapa vacacional, que, a pesar de que son muy variadas e influidas por diferentes corrientes religiosas y filosóficas, todas afirma lo siguiente: No somos este cuerpo material. Por lo tanto, es deducible que no deberíamos aferrarnos a él. Pero cómo no hacerlo; si estamos expuestos a tantos placeres que nos hacen, inconscientemente, atarnos a este mundo, este cuerpo; sin embargo, también existen situaciones que nos vuelven deseosos de querer desaparecer, morir; por consecuencia de la ausencia de deleites o bienestar. Pero, ¿Cómo lograr desapegarnos de esta materia, sin llegar al extremos de dejar de querer vivir?, ¿Cómo evitar la agonía del esfuerzo por seguir viviendo cuando estás muriendo?
Llegué a la conclusión de que por más que indague el tema una y otra vez, como lo he hecho durante algunos meses, nunca, durante mi vida material, llegaré a una respuesta satisfactoria para esta gran incógnita. Por eso, opino que lo único que saciará mis preguntas momentaneamente, será la fe de creer en lo que mi mente necesite para seguir viviendo.