La rabieta de la niña que aparece cuando la luz está apagada



domingo, 28 de noviembre de 2010

Una vez más: Segunda parte

Empiezan a caer las primeras gotas sobre mi cabeza y mi cuerpo desnudo se empieza a empapar; sin embargo, mis ojos aún siguen cerrados, soñando. Mi mente está, por única vez en el día, en blanco; es decir, el más exquisito momento del día.

Poco a poco, el calor del agua me causa una regresión al vientre de mi madre. Lo imagino, lo siento; hasta que se va enfriando y me obliga a despertar. Entonces, vuelvo a lo cotidiano, a lo, una vez más, monótono de la vida.

Un par de zapatillas viejas, ropa interior, una polera suelta y viejos jeans. Un pequeño gancho, delineador, colonia de té y los aretes de siempre.

Jugo de naranja y un plátano.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Una vez más: Primera parte

Una vez más he discutido con él. No le interesa cuán cansada esté, pues él sigue presionando, insistiendo. Como de costumbre, no se detendrá hasta que yo me ponga de pie y lo haga con mis propias manos.
Es irritante, casi perturbador. Por eso, en medio de esta ardua disputa, decidí arrojarlo al suelo; sin embargo, seguía gritándome e implorándome que lo haga. Todas las mañanas es igual y siempre termina convenciéndome de lo mismo.
Me cubro con la almohada los oidos para no escuchar más. No lo voy a hacer, hoy no, no voy a dar mi brazo a torcer esta vez. Volteo a mirarlo por última vez antes de volver a cerrar los ojos, pero me convence.
Me convence de despertar, una vez más debo despertar. Sus manijas apuntan las cinco y cuarenta; es decir, es tiempo de iniciar un monótono día más; por ello, procedo a apagarlo para detener su ensordecedor sonido y evitar que irrumpa el sueño de los afortunados vecinos que pueden dormir, al menos, una hora más.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una valiosa experiencia (Edición final del ensayo)




Una valiosa experiencia




La vida está conformada de situaciones y ocurrencias inesperadas que no siempre estamos preparados para afrontar; sin embargo, solo uno mismo puede decidir de qué forma es afectado, qué valores pueden ser rescatados y cómo conllevar el cambio.



Llegué a esa conclusión ya que, un día de abril de este año, luego de haber llegado de un viaje que realicé, se me dio la noticia de que mi madre no se encontraba bien de salud; por ello, sería internada en una clínica para efectuarle exámenes que pudiesen diagnosticar lo que le sucedía. Los resultados afirmaron que ella padecía de un avanzado cáncer. Esta noticia creó tristeza e incertidumbre en mi familia; por otro lado, ella no parecía preocupada; sino, valiente, fuerte y decidida a vencer esta enfermedad.



Sin embargo, los médicos creían improbable su recuperación; por ello, le recomendaron no seguir los tratamientos, ya que la debilitarían; a pesar de eso, mi madre decidió iniciarlos inmediatamente, pues sabía que este era un reto que ella debía esforzarse por superar, lo que hizo que me sintiera muy orgullosa de ella. Por otro lado, en el transcurso este proceso, tuvo numerosas recaídas, durante las cuales yo y mis hermanos la acompañamos en la clínica de la que salía siempre airosa y con energía para seguir en la lucha constante de esta enfermedad. Sin embargo, el cáncer siguió evolucionando en más partes de su organismo. Como consecuencia de ello, un día, tuvo que ser trasladada urgentemente a la clínica, ya que esta afección estaba presentando un cuadro infeccioso, por consiguiente, sus funciones vitales actuaron con suma dificultad y luego sólo artificialmente; entonces, se nos dio la noticia de que su tiempo de vida era sumamente escaso. Finalmente, la llevamos a casa, en donde nos mantuvimos unidos y junto a ella, disfrutando cada segundo de su presencia y una semana después, falleció.



Entonces, me di cuenta que viví los momentos más tristes, pero aprendí a superarlos; me vi forzada a tomar grandes responsabilidades y me esforcé en realizarlas; así mismo, perdí valiosas horas de clase, el viaje de la promoción y, por sobre todo, a mi madre, a quien extraño inmensamente y que me generó una enorme pena; sin embargo, luego me percaté que no todo era negativo, ya que me demostró que no importa la complejidad del problema, siempre se debe realizar el esfuerzo por una solución; además, obtuve madurez y fortaleza; también, profundicé que debo apreciar cada segundo y vivirlo plenamente como si fuera el último. Aspectos que ahora considero fundamentales. Por ello, juzgo esta una valiosa experiencia, ya que me ayudó a mejorar como persona y a apreciar lo que ella había hecho por mí.



Ahora es eso que aprendí lo que intento pensar cada vez que recuerdo con enojo mi experiencia, pues me calman y enseñan que es así el proceso de la vida; también, que; por ello, me he convertido en una mejor persona.



En conclusión, puedo aseverar que todo suceso de la vida, por más complicado y penoso que parezca, siempre trae buenas enseñanzas y valores qué rescatar; por este motivo, al verse sumido en situaciones similares, el primer paso es reconocer todo aspecto positivo que ello pueda conceder para no perder las ganas de seguir esforzándose por salir adelante.