La rabieta de la niña que aparece cuando la luz está apagada



miércoles, 9 de febrero de 2011

El sonidito de ese grillo


Una meditación en el profundo silencio, sobre la suave almohada y refrescada por el viejo viento.



Un árbol, tambores, platillos, panderetas y cajones.

Un viejo loco, una banca, una harmónica, unas palabras, una sombra.

Música, moral, ética, sensaciones, conocimiento, cultura.

Colores, matices, sonidos, caras nuevas, vibraciones, ambientes.

Las nubes cubren la luna y aún sigo despierta.

El sol quema mis cortinas y aún sigo dormida.


Ideas, preguntas, dudas, ¿respuestas?

Diciembre, enero, febrero, marzo.

Camino, corro, me detengo.

Vivo, muero, ¿he muerto?




Ya me cansé. Mejor me voy a dormir.

martes, 8 de febrero de 2011

¿Puedo lamer el tazón?


Aquellos domingos de invierno, me acuerdo bien, eran en los cuales preparabas ese delicioso pie de limón. Vertías los ingredientes en esos tazones azules, que a pesar de los años siguen intactos y en el fondo de algún cajón. Licuabas, exprimías, abrías, cortabas; todo en la mesada blanca de la cocina de la casa de madera y mientras eso sucedía, yo esperaba atenta al tazón de la crema de limón, para que una vez vaciada la fórmula deliciosa sobre la galleta molida, sea yo quien gozara de lamer lo que quedó, pues si me dormida, era Claudio el que lo cogía. Una vez listo, todos los hermanos a la mesa corría por la disputa del primer pedazo de aquel pie de limón; sin embargo, ninguno de ellos resultaba el vencedor, pues la bisabuela, por ser la mayor era quien lo merecía. Siempre fue así, hasta que no necesité vigilar mi porción, pues fui yo junto a mamá, la única que en la casa quedó. Richie, en otro país se perdió, Pamela, embarazada quedó y Claudio pronto se casó. Fue así, que todo cambió, ya que la casa en edificio se convirtió y en verano de niños se llenó: Lucas y Lorenzo llegaron, Luciana y luego Matthew. Hijos de mis respectivos hermanos; los cuales amo, pero a veces no tanto, ya que en ese entonces, por ser tantos, el pedazo de pie, más chico quedó.



Nada de esa forma persistió, pues Claudio se divorció y Richie al siguiente verano no volvió, ya que Nícholas nació. Fue por eso que mi mamá y yo hicimos maletas y nos fuimos a conocer aquel niñito que nació. Ahí nos provocó un pie de limón, pero por no haber galletas de vainilla en aquel país de maravillas, el postre con hojuelas de maíz no muy rico salió. Así pronto regresamos. Los años pasaron, los niños crecieron (no mucho), la bisabuela murió, la abuela se mudó, el tío jodió, mi mamá se enfermó; el colegio terminarlo me costó; y finalmente, nuestra mami falleció y con la receta del pie y una lágrima en el corazón nos dejó.