- Crees, entonces, que nadie habla, pues no escuchas a nadie.
- Quiero aclarar que sí escucho, solo me tomo el tiempo para oirlo de mis propios pensamientos.
- Descubriste, quizás, que no estaba tan loca como pensabas; luego de ello te decidiste a actuar,
- Tú siempre crees que tienes la razón. Eso siempre te volverá un poco loca.
- No intentes confundirme. Lo cierto es que ya entendiste.
- ¿Confundirte? Creo que tú ya estás bastante confundida, por creer que yo debía entender algo.
- Ahora soy yo la que cree que tiene la razón, ¿no?
- Lo único que admito es que ya pensaste demasiado.